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domingo, 8 de agosto de 2010

El hombre que sabía demasiado

Ayer me hicieron ver lo que yo ya pensaba desde hace mucho tiempo. Soy un desastre con los consejos, aunque los doy con la mejor intención del mundo y con mucho cariño.
Aunque claro está, ¿cómo voy a ser bueno dando consejos y estar como estoy? Si realmente fuera bueno mi vida sería distinta y mis relaciones con las mujeres no serían tan desastrosas. Y éso que ayer, en otra conversación, hablando con Emma me di cuenta de una cosa: si con las dos mujeres que me han interesado en la vida la cagué de una manera tan estridente, ¿para qué preocuparme en el qué pasará con la próxima? Tengo un 99'9% de posibilidades (por no decir el 100%) de cagarla de nuevo. Así que no me voy a preocupar, lo que tenga que ser, será.



P.D.: Ahora resulta que mientras esperas a que se cargue el vídeo de Youtube puedes jugar a la serpiente, como en los viejos Nokia. Ya no saben que inventar...

martes, 13 de abril de 2010

El sentido de la vida

Era sábado por la noche. Había cervezas sobre la mesa. También algo de coñac para los sibaritas. Y sobre todo había una conversación. Las conversaciones siempre son interesantes, pero ese sábado había llegado a un punto distinto. Hablábamos de lenguaje, de formas de decir las cosas, de formas de ver la vida.
Porque hablábamos de las dos concepciones de ver la vida, de vivirla. Y uno de nosotros dio con la clave: hay quién afronta la vida con el corazón y otros la afrontan con el cerebro.
Esa noche quedamos retratados en cada uno de los grupos las cinco personas que estábamos sentados alrededor de aquella mesa de bar. Y, quitando el hecho de que yo pertenezco a los que afrontamos la vida con el corazón, creo que fue uno de los grandes descubrimientos que hemos hecho en los últimos años. Porque también quedó claro que ninguna de las dos formas de afrontar la vida nos lleva al éxito seguro. Pero tampoco al fracaso. Simplemente cada uno somos como somos. Pero deberíamos plantearnos a qué grupo pertenecemos cada uno. Para, quizás, entender un poco mejor las reacciones que tenemos ante todo lo que nos ocurre.
Y sí, creo que afronto la vida con el corazón. Porque primero quiero hacer las cosas y luego me planteo las consecuencias de hacerlas. Me meto en algunos líos de los que luego no sé salir y en los que seguramente no me hubiera metido si los hubiera pensado. Pero también gracias a éso he vivido en París, en Barcelona y he soñado con relaciones que luego se han demostrado imposibles. Y éso no me lo quitará nadie de mis recuerdos mientras viva.
Y tú, ¿a qué grupo perteneces?