lunes, 27 de septiembre de 2010

With or without you

Ayer tuve la fortuna de asistir a uno de los mayores espectaculos que hay actualmente en el mundo de la música: un concierto de U2. Te puede gustar o no su música (el último disco es malo), pero lo que nadie puede negar es que estos cuatro irlandeses montan los mejores espectáculos actuales. Y sí, a mi me encanta su música y tenía las entradas desde hace diez meses.
La experiencia fue brutal. Cantar bien alto que "It's a bautiful day", dejar claro que "I still haven't found what I'm looking for", decir que todos somos "One" o, para qué negarlo, soltar alguna lagrimita mientras Bono entonaba ese himno generacional que es "With or without you".
Sí, disfruté como hacía mucho que no lo hacía en un concierto y me quedé con ganas de más tras las dos horas exactas que estuvieron en el escenario. Y me vinieron muchos recuerdos a la mente, de muchas cosas vividas escuchando a estos cuatro irlandeses.
Fue un broche de oro para unas maravillosas vacaciones, aunque éstas hubieran acabado oficialmente una semana antes.
Os dejo con un video (que no es mío) de la interpretación de ayer del siempre maravilloso "With or without you".



P.D.: Estoy bastante atascado con el relato que tengo a mitad publicar, pero prometo continuar con él. Manteneros a la escucha si os gustaba ;-)

sábado, 25 de septiembre de 2010

(500) Days of Summer

Nunca olvidas a aquella que ha llegado hasta el fondo de tu corazón hasta que otra persona entra en él con la misma fuerza.


Pero la pregunta que subyace es, ¿quién te dice que una persona va a entrar en tu corazón con la misma fuerza otra vez? ¿Y si éso no ocurre nunca? ¿Tienen un límite de caducidad los sentimientos no correspondidos?

No soy capaz de entender lo que me pasa. Posiblemente mi cabeza me da vueltas porque es un sábado en casa, después de estar los cuatro últimos dando vueltas por medio mundo. Posiblemente es por la película que acabo de ver y que da título al post (por cierto, al incompetente que tradujo el título al castellano habría que correrlo a gorrazos, porque se pierde todo el sentido). Posiblemente es porque como dice Emma me aburro si no le doy cien vueltas a las cosas y si no me "como la cabeza" por cualquier menudencia.

Quizás es que he nacido para estar sólo y por éso tengo tantos problemas para mis relaciones sociales. Quizás es que el hecho de que no sepa comportarme de manera tranquila delante de una mujer es una consecuencia de ese destino de soledad que tengo asignado desde que llegué a este mundo. Quizás mis escasas relaciones son un desastre porque son una rebelión contra mi verdadero destino y éso no se puede aceptar. Quizás se me está yendo la cabeza demasiado y mañana cuando amanezca todo parecerá distinto.

Y no, aunque lo parezca por lo que he escrito, no creo en la predestinación.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Albada



Descansa en paz "abuelo". Aragón te va a echar mucho de menos...

martes, 14 de septiembre de 2010

Ángel de puntillas

Voy a seguir con el relato, por si a alguien le estaba gustando, pero darme unos días. Estoy de vacaciones y me estoy dedicando a viajar y disfrutar de la vida, que ya me venía haciendo falta.
Por ahora he estado en Estocolmo, en Oslo y en Tenerife, dónde pude conocer personalmente a CRD, la autora de "Buscando, qué se yo" (blog que si no habéis visitado, ya estáis tardando) y persona que merece muy mucho la pena. Ahora me voy a París para terminar mis vacaciones en mi ciudad favorita, y el lunes vuelvo a trabajar. Aunque para el 26 me queda la gran traca final, ¡el concierto de U2 en San Sebastián!
En fin, que en cuanto comience a trabajar de nuevo seguiré con el relato y con mis desvaríos varios. Hasta entonces, os dejo con una canción que he redescubierto buceando en mi iPod en mis viajes, "Ángel de puntillas" de Tontxu. Un encuentro casual, una noche casual...



Por cierto, tengo una cuenta en Twitter que uso cuando me da, sobre todo si encuentro WiFi y no estoy por casa. Si a alguien le pudiera interesar (que no creo) estoy en @hesisair
¡Nos vemos pronto!

miércoles, 25 de agosto de 2010

Cita a ciegas (IV)

En tan solo una hora consiguieron tener algo comestible, así que pusieron la mesa en la terraza y se dispusieron a comer. Fueron momentos de risas que acabaron con una guerra de hogazas de pan que comenzó cuando le dijo a Ygerne que el segundo plato podía estar más currado. Se hizo la ofendida y luego, entre risas, comenzó a lanzarle los trozos de pan que encontraba por toda la mesa. Y, por supuesto, Juan continuó la guerra, a la que se unieron rápidamente Javier y Bea. En cuanto conseguieron tirar todo el vino por el mantel, decidieron declarar una tregua y terminar con el postre que habían traído para coronar la comida.

Con el café, llegó una de sus ideas peregrinas: una partida de Risk. Sorprendentemente todos conocían y amaban el juego, por lo que no tardaron en organizarse en parejas para comenzar la partida. No está nada claro si las normas eran las correctas, pero sí que se rieron y charlaron. Allí se enteró que Ygerne no era de su ciudad, sino que había llegado en los comienzos de su juventud con su madre y sus hermanos, y que trabajaba para el Estado, aguantando (perdón, enseñando) niños de Primaria. Se hizo llamar apasionada del cine y de las series, así que Juan no pudo aguantarse y la desafió a una partida de Trivial. Ahí sí que no lrr iba a poder ganar, el quesito rosa y el amarillo iban a ser la base de su victoria. Pese a ello se resistió. Tuvo que reconocer que sabía más de lo que parecía, pero todas las películas de cine clásico que su padre atesoraba en su videoteca le sirvieron para adjudicarme la victoria.

Cuando se dieron cuenta, se les había hecho las ocho de la tarde, pero Ygerne no estaba dispuesta a quedarse como perdedora, así que les desafió al parchís. Javier y Bea optaron por irse ya que había que madrugar al día siguiente, pero Juan decidió aceptar el desafío. Y al parchís se pusieron a jugar. La partida no duró mucho, porque empezaron a charlar sobre su vida y sus cosas y se olvidaron del juego. Allí fue cuando se abrieron el corazón definitivamente y comenzaron a contarse sus aventuras, y sobre todo desventuras, vitales. Debajo de esa chica con un punto de caradura y sin vergüenza que había visto, descubrió una persona sensible, divertida y con una visión del mundo que le rodeaba muy afinada e interesante. Debajo de esa chica conoció a una persona que se convirtió aquella noche en su amiga. Debajo de esa chica conoció una persona con la que se le hicieron las tres de la mañana charlando y arreglando el mundo, y cuando se despidieron se comprometieron a repetir un día así más pronto que tarde...

Continuará...

sábado, 21 de agosto de 2010

Cita a ciegas (III)

Miles de ideas le pasaron por la cabeza y no hacía más que dar vueltas sobre el colchón, notando como sus piernas temblaban de los nervios que le atenazaban. Finalmente, consiguió conciliar el sueño, pero para entonces ya eran las siete de la mañana.

Le despertó el timbre de la puerta. Miró somnoliento el despertador. ¡Eran las dos de la tarde! “Mierda, mierda, mierda, son ellos”. Se levantó de un salto, se lavó la cara deprisa y corriendo y se vistió de mala manera mientras el timbre no paraba de sonar y gritaba “ya voy, ya voy”. Al abrir la puerta no esperaba lo que vio. Plantada había una chica de melena corta muy negra, bastante más alta que la media y con cara de enfado. Tenía unos ojos de un verde tan bonito que provocaron que no pudiera mirar otra cosa. Ni siquiera su pequeña boca ni el precioso vestido que llevaba puesto. Se quedó sin habla. “¿Me vas a invitar a pasar o no? Porque llevo mucho rato esperando…”. Se apartó torpemente de la puerta para que ella pasara sin ser capaz todavía de articular palabra. “Ya que se te ha comido la lengua el gato hablaré yo. Soy Ygerne, y creo que hablamos por teléfono anoche”. Vale, la chica tenía todavía más morro del que creía. “No te esperaba sola, además tenemos un pequeño problema”. “Javier y Bea vienen ahora que están aparcando. ¿Cuál es el problema?”. “Me he quedado dormido y no hay comida hecha”. Ygerne se me quedó mirando fijamente, con cara muy seria, y de repente comenzó a reirse, cada vez con más fuerza. Primero la miré sorprendido y luego no pude más que contagiarme de su risa. Cuando Javier y Bea subieron, nos encontraron a los dos llorando de la risa en el vestíbulo de mi casa. “Bueno, veo que ya os habéis conocido...”

Una vez conseguimos controlar nuestro ataque de risa, las soluciones vinieron solas. Ygerne entró como un vendaval en mi cocina y comenzó a sacar cosas de los armarios, de la nevera y de lugares inexplorados desde hace mucho tiempo para acabar configurando un menú, que ni corta ni perezosa se puso a cocinar. Yo protesté, era mi cocina y ellos eran mis invitados, y no podía permitir que acabaran cocinando ellos. “Prefiero cocinar que quedarme sin comer”, dijo Ygerne sin cortarse un pelo. Llegafo ese momento, esa chica había conseguido que estuviera comenzando a interesarme, a sentir curiosidad por saber como era ella y descubrir más cosas…

Continuará...

jueves, 19 de agosto de 2010

Cita a ciegas (II)

Cuando preguntó con un enfado difícil de disimular quién era, le contestó una voz de mujer. Sin haberse recuperado de la sorpresa, esa voz comenzó a abroncarlo por haberla dejado tirada esa noche y hacer que tuviera que aguantar a una pareja de enamorados babosos. “¿Cómo has conseguido este teléfono?”. “Tu amigo, harto de aguantar mis caras largas me ha dicho que te llamara”. "Mataré a Javier en cuanto lo vea…", pensó para sí mismo. “Bueno, ¿qué estás haciendo?”. Tenía que reconocer que esta chica le echaba cara, pero seguía sin apetecerle salir de casa. “Mira, ahora estoy cansado y sin ganas, pero mañana os venís los tres y os invito a comer en casa”.

Nunca creyó que fuera capaz de decir eso, menos a una desconocida, él mismo sintió como si hubiera sido otra persona la que hubiera hablado, pero lo peor fue cuando ella dijo: “A las dos estamos allí”, y colgó.

Aquellas palabras le despejaron inmediatamente. Se levantó del sofá de un brinco y fue corriendo a su cocina a ver que tenía. La cocina estaba casi vacía y los nervios empezaron a aflorar en él. “¿Cómo puedo estar tan nervioso? Si no me importa nada y tengo cero ganas de aguantarla”. Pero había un irracional miedo que había entrado dentro de él y que no podía quitárselo. Optó por echarse a la cama y dormir, era incapaz de pensar ni siquiera en unos huevos fritos, ya pensaría el menú por la mañana. Pero aquella noche no pudo dormir…

Continuará...